Texto por Alfredo Aracil basado en una conversación en mi taller sobre las pinturas y en base a mi tesis
julio de 2018 — diciembre de 2018
MATERIALIDAD - metáfora física
Penélope
Penélope es una serie compuesta por obras de color rosa.
Son todas de 184 x 114 cm. telas pintadas con esmalte.
Partir de lo material para alcanzar, alquimia y azar mediante, ecos poéticos o simbólicos, una inmanencia, nunca una trascendencia. Porque el trabajo de Ana Vila investiga el modo uso de un producto industrial más bien pobre, como el esmalte sintético, a partir de una práctica pictórica que trabaja sobre su propia hacerse, esto es, sobre su materialidad misma. Es un trabajo que buscavolver visible las propiedades elementales de la materia a partir de pequeños gestos, así como los empleos y recursos de la pintura -tanto en un sentido histórico como en otro más exploratorio-. Estas pinturas dejan en evidencia las propiedades y convenciones estructurales que determinan al objeto cuadro, trayendo a la superficie el modo, la cualidad líquida y la composición química interna de los procesos, la mezcla y la forma. Cada obra expone su presencia, ya que no es más que la repetición, siempre diferente, de un proceso singular pero común. En definitiva, pequeñas mutaciones entre las piezas, micro-movimientos, fugas y gradientes. Los depósitos de pintura producen capas y cortezas que no sugieren nada “formal” sino más bien una metáfora física, sin realismo ni naturalismo. La idea racional e ilusionista de la pintura, “el mundo en un cuadro”, comienza así a desintegrarse y a descomponerse dando lugar a muchos conceptos sedimentarios, mínimos pero no menores.
Esta serie de obras, Penélope, está elaborado a partir del trabajo co un esmalte brillante color catálogo Alba rosa: Penelope. Luego empleado en un patrón de líneas que es un dibujo, una tendencia y una línea de fuga, una errancia. El dibujo de las distintas piezas que componen la serie varían partiendo del mismo patrón. Se arma repitiendo procedimientos que podrían ser calificados de estocásticos, es decir, de arbitrarios o variables. De forma no premeditada, negando nociones como gusto o voluntad, la elección del color sucede en un contexto donde lo femenino puede pensarse como popular y político: un elemento protagónico que es una pintura industrial rosa que responde al nombre de Penélope. De igual forma que en el mito, el espacio se dobla, sujeto a fuerzas y tensiones que territorializan y a la vez fugan. Lo material y lo simbólico. Tejer y destejer. De día, con la voluntad. Y por por noche, fugándose o desterritorializarse, con el deseo. Una paradoja que esta serie evidencia, asociando a la materialidad de la pintura abstracta una poética y una belleza. Además está la superposición entre cultura mercantil y objetos natural, que sugiere una conexión entre desperdicio y descomposición, generalmente oculta a los ojos de los consumidores. De esta forma, las pinturas actúan como testigos de la descomposición inevitable de la obra.
Por otra parte, podría pensarse en esta serie de trabajos desde el lugar paradigmático de piel. Desde la superficie, desde lo háptico, lo que yace debajo de su materialidad y a su vez lo más profundo, según Paul Valery. El lugar del desmoronamiento del lenguaje. Se trata, en ese sentido, de trabajar entre la ambigüedad y la literalidad, en desvíos de caminos, que se dibujan de forma paralelas. Es una experiencia que toma en cuenta la marca que deja lo líquido, desafiando al tiempo, a las fluctuaciones, para mantener constante el material vibrando en la fluctuación. Robert Smithson trató de dar respuesta en su obra y sus escritos a una idea de la Tierra como mapa y geografía que nunca se termina de medir o cartografiar, siempre sufriendo cambios de última hora, lo que conduce al artista a la comprensión de que nada es seguro ni formal. Dice que hasta el propio lenguaje se convierte, potencialmente, en montañas de escombros simbólicos. Con este trabajo Ana Vila busca avanzar hacia esa confusión de modelos, retículas y subdivisiones, en un proceso estético que apenas ha sido controlado por ella. Si bien a Smithson no le interesaba ordenar, sino colaborar con la entropía, esto es, contribuir a que las clasificaciones pierdan sus retículas, la serie Penélope promueve su propia descomposición. Así, los materiales se mezclen de la misma manera que ocurre en una sedimentación mixta, que Smithson interpretaba como un ejemplo de los procesos entrópicos de la geología.[1]
Estas reflexiones, como antes se sugería, involucran también un pensamiento sobre lo femenino asociado a las ideas de belleza, sensualidad, perfección, pero también, en una dimensión más materiales, al trabajo y la política. Que a su vez se encuentran involucradas en las sensaciones que producen estas pinturas y sus elementos formales. Como las líneas que se pierden para encontrarse del mito de Penélope.
Escrito por Alfredo Aracil
ALFREDO ARACIL, (A Coruña, 1984)
Vive y trabaja en Buenos Aires
Formado en el Centro de Estudios del Museo Reina Sofía, de 2013 a 2016 fue Responsable de Proyectos de LABoral Centro
de Arte, Gijón. Participó en la décima edición del Programa de Artistas y Curadores de la Universidad Torcuato
DiTella, Buenos Aires, en 2017.
Ha curado proyectos para distintos espacios e instituciones. Entre otras, cabe destacar Hiperobjetos (2014), en el
Colegio de Arquitectos de Madrid; Lo que se sabe y lo que se intuye (2015), en el Centro Conde Duque de Madrid;
Reunión de hechos (2015), en la Galería Slowtrack, Madrid, en el marco del festival a3bandas de Madrid; Tener que
sentir (2016), con la Colección Los Bragales, en el Centro Antiguo Instituto Jovellanos de Gijón;Tender buttons
(2017), en Salón, Madrid; Una terapia que no cura(2017), en La Verdi, Buenos Aires; La Novia Desnudada Por Sus
Solteros (2018), en Pasto Galería, Buenos Aires o Ni noble, ni bueno, ni sagrado (2018), en The Goma, Madrid.
Actualmente, forma parte del equipo de URRA, un proyecto de residencias de artistas, en Buenos Aires. Y es curador
asociado de la Galería Pasto, Buenos Aires.
En 2017, presentó en la Sala de Arte Joven de la Comunidad Madrid el proyecto ganador del certamen “Se busca
comisario”: Apuntes para una psiquiatría destructiva. En él se problematiza el campo de la enfermedad mental desde
posturas estéticas y políticas que desbordan el espacio de la clínica. Una investigación todavía en proceso, que en
el verano de 2018 tomó la forma de un grupo de trabajo y un programa público, Una fuerza fuerza posible, celebrado
en el Museo Reina Sofía de Madrid.
Además, escribe en revistas de crítica de arte y cine, arquitectura o investigación política. Algunas de ellas son
Experimenta, Nosotros, El cuaderno, Tendencias, LUMIÈRE, El Estado mental, Ajoblanco, El Salto, Atlántica XXII o Otra
Parte Semanal, cuya sección de artes visuales co-edita.