Muestra individual en Galeria Pagana Casa de Arte, Buenos Aires 2021
septiembre de 2021Galería Pagana Casa de Arte, Ciudad Autónoma de Buenos Aires
Instalaciòn y PIntura
“Geometría y amor”
"140 pinturas de Ana Vila en Geometría y Amordonde las transformaciones de expresión espontánea y diversa acordes al primer deseo son latentes. " curaduria de Sofía Zuluoga
¿Cómo se representa algo entre medio de la geometría y el amor?
Secuencias de más de ciento cuartena piezas en pequeño formato que nacen de la acción de mezclar un verde con un rosa. En tiempos de pandemia, la muestra representa transformaciones, Investigan variabilidad de patrones y dibujos sobre las pinturas que crean formas producto de todos los movimientos que suceden entre medio de la multiplicidad de acciones pequeñas que suceden dentro del proceso y la secuencia de una pintura a la otra . Entre asociaciones y diferencias generan distintas perceptos y afectos en el espectador al acercarse y detenerse a observar.
Durante la muestra hubo una sesión de tatuajes para la cual invité a una artista tatuadora Nicole Sunkel quien había tomado clases en mi taller, de ahí nos conocíamos. Propuse encontrar dibujos dentro de las piezas como hallazgos particulares de cada espectador, y tatuarlos haciendo parte de ellos en la piel; ese pequeño cambio o transformación. Entiendo que los tatuajes que se hicieron simbolizan una forma e la creación material que permanece en potencia. Tengo mi único tatuaje, es de ese día, conmigo se tatuaron Guadalupe Achaval y Andrea Pietrafesa, artistas que habían participado en el taller que doy desde antes de la pandemia y durante.
Hubo un evento de charla filosófica pensar la relación entre Geometría y Amor con Claudio Vizental.
El texto de sala:
Una discreta regresión
por Raúl Andrés Cuello
La imagen es indócil. Procede siempre
de un modelo que respeta o que inventa y
que no muestra
MICHEL MELOT
En su heterodoxo Last lectures (1933), Roger Fry refiere, aunque algo cansinamente, lo
que simbólicamente significó la concreción de las Nymphéas para el naturalismo
científico del momento: “sin proponérselo Monet concluye en su monumental obra un
espejo, en todas las acepciones que la palabra puede albergar, en el que se miran las
modernas maravillas de la técnica, ya sean éstas descriptivas o con perspectivas de
aplicación: bajo su ejecución la biología es más biológica, la naturaleza más natural”.
Desde ese tiempo hasta nuestros días el camino del arte ha acuciado un profundo viraje
hacia el orbe tecnológico de la materialización, ya sea a través del mejoramiento continuo
de los objetos (pigmentos, pinceles, bastidores) utilizados en la práctica humana o por
medio de vías robóticas como lo es la impresión 3D. Habiendo agotado (casi) todas las
maneras que el ejercicio de la reproductibilidad permite, el artista de hoy intenta
responder al arco de sus inquietudes probando viejas recetas que recuerdan, las más de
las veces, al pulso de lo onírico o al inesperado (por sus efectos) proceso de lo automático:
en los automatismos o en los ensueños parece haber todavía un terreno dócil en vistas de
ser explotado. Uno descubre que, poco a poco, en la representación realista de retratos o
de escenarios bucólicos sale a luz una nueva conciencia que como relectura de oficios
pretéritos sabe muy bien cómo hacer las cosas. Pero saber el ‘cómo’ no es saber el ‘a
dónde’ nos llevará esto, una diferencia sustancial si nos aproximamos al terreno de lo
abstracto. Es por ello que las obras de Anit Vila (Villa General Belgrano, 1987) suscitan
algunas inquietudes en cuanto a su esferológico resultado: en todas las obras presentes en
esta muestra habita una fractura, un quiebre, un hiato sensible que se niega a la
interpretación. Grávidos, parecen hijos dilectos de las fuerzas naturales que permiten a
los objetos volver a su lugar de origen. ¿Cuál será el origen de estos cuadros? Sólo Vila
parece conocer el camino hacia un tipo de explicación, aunque de todas formas
terminemos en un cul de sac de sentido. Granulométricos, tectónicos, curiosos por la
infinitesimal división de su hechura, sus confecciones responden a una colorimetría que
asombra por lo irreal: los hay terrosos, pero de una tierra que no es la nuestra; los hay
azules, sí, pero de un azul casi estereoscópico que recuerda al de los autocromos de Les
Archives de la Planète de Albert Kahn; los hay ocres, blancos sobre blanco, tenues y
pálidos, los hay celestes y rosados en su industriosa repetición de patrones. Hace poco,
en un escrito personal, Vila decía que en su quehacer pictórico “el habitar de lo presente
es lo que queda”. Se nota que en las obras una captación de los rumores y los días pervive
en su compleja vibración. Las cosas caen al suelo, ya sean ideas o restos de materia. Todo
puede ser fagocitado en la gran máquina de concreción en su intento de regresión a lo
primigenio y la manufactura vuelve a través del filtro subjetivo; algo pasa, algo no. La
pintura queda. A nosotros nos restará simplemente acercarnos a su museo de
particularidades, a su universo de magma y figuras inestables: un estado del arte pictórico
que dialoga en esta centuria con los nenúfares de Monet.
También ese año yo cursaba una maestría de la FADU y HU llamada Open Design, y un día de la muestra hicimos una proyección de un corto de momentos de la calle durante la lluvia y un día gris que estábamos realizando junto a unos compañeros. Donde abordaba la mirada de las pinturas en el suelo y este texto, Raul Andrés Cuello también me ayudó en este con trabajo de edición:
PINTURAS SOBRE EL SUELO:
todos estamos en el suelo
todo
termina en el suelo:
sedimentos humanos
los restos de jornada, mis energías renovándose en pinturas
simplemente caen
y no reflejan cosa alguna. Los días suceden y
no tengo consciencia en lo que dejo;
el habitar de lo presente es lo que queda.
Son importantes las huellas, los rastros,
se busca tanto en el suelo para definir aquello que
tiene que ver con el tiempo:
nuestro origen (el destino se renueva y se muere).
¿Ese hábito, ese habitar, corresponde a lo científico, a lo palento-geológico?
Descubrir el universo en sus singularidades es
más importante y majestuoso que mirar al suelo.
los animales no humanos,
no se preocupan por el espacio fuera
de la tierra “miran hacia el suelo”.
todos tenemos los pies en el suelo.
todos contribuimos a su sedimento
No somos conscientes del paso de las horas y de lo que esto le genera al suelo.
Ya que la práctica tradicional de la pintura
consiste en pintar sobre un tablero en diagonal
moviendo el cuerpo
como aves en vuelo:
lo que no somos...
en relación a esto se trabaja
con material que no gravite, volver lo liquido, espeso, viscoso, pegajoso,
¿para evitar la caída o evadir la gravedad?
Tal vez haya que
resignificar el uso de
“tirar cosas al suelo”
dejando que caigan o en plan de escape
repensando la caída:
¿no nos pertenece porque no lo controlamos?
***
Lo que cae
Lo que cae es esa identidad que buscamos bajo el sentido del tiempo, pero en el suelo;
todos nuestros hallazgos, fortuitos o no, van a parar al suelo: hay una conciencia, una
materialidad no tangible cuyo accionar encuentra su sustento en el paso del tiempo. Está
ahí, la buscamos de manera dilatada ya que al no racionalizar el momento mismo (el
momento haciéndose) no desarrollamos una pose, una suerte de pose de “consciencia
inmediata”. Entonces es preciso pensar en una pos-conciencia, en una suerte de
“conciencia-suelo”.
Si sabemos que gracias a la gravedad todos los entes terminan abajo, ¿por qué fingimos
que algo sube tornándose vertical? ¿De qué manera se agrupan los sedimentos diarios?
¿Cómo es que, acaso, se desagrupan? Pienso que la mayor parte del tiempo no
reflexionamos en torno a lo que pisamos, ni mucho menos de lo que vamos dejando en
el suelo. Los rastros o sedimentos, los materiales que no se unen y que no son parte del
suelo, también los dejamos ahí, no los pegamos en las paredes, ni en los caballetes.
No se trata de emular a Pollock porque a decir verdad lo que busco no trata de
constituirse, de verse reflejado como marmolado. Es a través del color (y no la forma)
que intento registrar los movimientos de mis días sobre y en el suelo, lo que ocurre en la
base de mis pies y, si puedo, lo que la consciencia del lugar me dicta. La única jerarquía
que se impone entre nosotros es que vamos a ser parte del suelo. Es importante saberlo.
Todo está bajo el encantamiento, la imantación del suelo aunque no reparemos en la
inmanencia de esa realidad.
Darme cuenta de que lo que constituye el suelo es aquello que dejamos, ese resto
indivisible de la existencia, me hizo dejar de ver mis pinturas como algo mágico sino
como algo cotidiano, algo común, que hacemos sin pensar. Algo que a priori no
llamaría la atención. ¿Cómo le afecta al suelo que lo pisemos, que lo ignoremos, que no
le demos más espacio en el plano de lo real? Si el suelo fuese nuestra mayor
preocupación, si todas las profesiones tuviesen que pensar en el suelo desde el lugar de
lo plástico, lo teórico, lo físico-corporal, lo espiritual, lo religioso; si la computadora o
lo celulares estuviesen pensados desde la mecánica del suelo; si pintásemos siempre
recostados, en un plano horizontal donde nuestro cuello se doblara mirando hacia abajo,
pintando las vibraciones propias de las placas tectónicas o de los pasos de los otros en lo
La Galería Pagana Casa de Arte cerró un corto tiempo después.
Guadalupe AchavalMi unico tatuajeRecorte de pintura que eligió Guadalupe Achaval en la muestra para tatuartatuaje que eligió Guadalupe AchavalAndrea Pietrafesa tatuandosérecorte de pintura que eligió Andrea PIetrafesa en la muestra